Nota Teoria Monetaria Moderna

La teoría monetaria moderna (TMM) no es lo que imaginan: Mitos del déficit fiscal

El pasado 21 de mayo 2020. se publicó en estas páginas un artículo de Thomas Costerg y Jacques Henry que consideramos falsea la Teoría Moderna de la Moneda (TMM) atribuyéndole prescripciones que jamás se han hecho desde esta escuela de pensamiento económico. Su artículo delata desconocimiento de la TMM desde la primera frase, en la que se afirma que esta se inspira en conceptos neokeynesianos.

La TMM analiza el funcionamiento operativo real de los sistemas monetarios modernos y prescribe un mecanismo de estabilización funcional: el trabajo garantizado. En su parte positiva o descriptiva, por lo tanto, se rechaza aquello de aplicar la TMM. No estamos en ningún régimen blando ni duro de TMM ni se puede optar por ir a un mundo TMM. Ya vivimos en este mundo, en economías cuyos Estados optan por ejercer su soberanía monetaria en distintos grados. En el caso de ejercerla plenamente, el Estado es el monopolista de la divisa, condición que lo coloca en una posición muy diferente a los demás agentes, que son meros usuarios de la divisa.

La TMM explica que la ejecución del gasto público de un Estado que ejerce su soberanía monetaria –situación que no es la de España– equivale a un acto de creación de dinero. Los impuestos no pueden financiar al emisor de moneda, y los usuarios no pueden tener la moneda con la que pagar sus obligaciones si el emisor no gasta previamente. Los impuestos sirven fundamentalmente para generar demanda del dinero Estado, si bien estos también cumplen otros propósitos, como la reducción de las desigualdades o la introducción de desincentivos a actividades socialmente nocivas o indeseables. El Estado que ejerce su soberanía monetaria no opera bajo una restricción financiera, sino real: los recursos reales que se encuentran disponibles en el ámbito de su soberanía.

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Resulta evidente que la deuda pública (entendida ampliamente como emisiones del Tesoro más base monetaria) es por identidad contable el ahorro financiero neto del sector no público (sector privado doméstico más sector exterior). Por tanto, es el deseo del sector privado de ahorrar el que explica el déficit público. En realidad, el déficit público debe entenderse como el residuo de las políticas que aseguren el pleno empleo con estabilidad de precios.

Las operaciones de emisión de deuda pública no financian al Estado, pues el gasto público ya ha creado la moneda. La emisión de deuda pública es un mero intercambio de activos: reservas del banco central por depósitos a plazo llamados bonos o letras del Tesoro. Así, podemos decir que el concepto de monetización se ajusta, ciertamente, a la mayoría de las operaciones de política monetaria, pues cuando un banco central emite reservas el activo que se pide como contrapartida es, generalmente, un activo gubernamental. Por ello, la preocupación de Coterg y Henry porque la “Reserva Federal comenzara a emitir reservas no respaldadas por activos” nos resulta peregrina. La Reserva Federal siempre inyecta reservas cuando compra o acepta en garantía otros activos financieros. No creemos que la Reserva Federal pretenda arrojar billetes desde un helicóptero.

Jamás hemos afirmado, como dicen Henry y Costerg, que la “falta de inflación los últimos años es señal de que no hay suficiente dinero”, ya que eso sería una conclusión que solo podría derivarse desde la posición monetarista de que la inflación es un fenómeno monetario, cuestión que consideramos desmentida por la evidencia empírica. Lo que sí hemos explicado es por qué el déficit público conduce a una reducción de tipos de interés. El gasto público inyecta reservas en el mercado interbancario mientras que los impuestos las destruyen. Por este motivo un déficit continuado provoca un excedente de reservas, que empujará a que los tipos de interés del mercado interbancario tiendan a cero. La experiencia de Japón, EEUU y la propia eurozona con los programas de flexibilización cuantitativa confirma este punto de vista, opuesto al de aquellos que auguraban hiperinflaciones y alzas en el tipo de interés.

Es importante matizar que nunca hemos propuesto estas políticas monetarias para fomentar la recuperación económica. Por su parte, el resto de economistas siguen dando vueltas al Límite Inferior Cero en que estamos sumidos, y algunos tímidamente comienzan a apoyar la política fiscal. Diez años de experiencia frustrada en la zona euro convencen a (casi) cualquiera.

También nos asombra que Costerg y Henry nos atribuyan la propuesta de “una renta básica universal alta, financiada por compras de deuda”. La TMM se ha opuesto a ello precisamente por sus potenciales efectos inflacionistas. Cómo se introduce el dinero en la economía importa. Achacan a una combinación de política fiscal discrecional y política monetaria muy flexible riesgos de hiperinflación que no nos corresponden; y ello tras más de una década de deflación. El trabajo garantizado prescrito desde la TMM puede verse como un mecanismo endógeno de estabilización que sigue una regla muy específica: lograr el pleno empleo con estabilidad de precios. Sí, tiene una parte normativa en función de a qué se dedican los recursos movilizados, pero el marco operativo está lejos de poder definirse como un régimen de dominancia fiscal a disposición del oportunismo político.

Finalmente, no entendemos por qué nos atribuyen recetas que desencadenan burbujas financieras, ya que siempre hemos criticado los programas de flexibilización cuantitativa y sus efectos distributivos, abogando por una buena regulación de los mercados financieros para evitar las burbujas. En definitiva: la Teoría Monetaria Moderna no es lo que se imaginan.

 

Fuente\  cincodias.elpais.com Portal Informativo

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